Oyire Abure.
Mis mejores deseos para quienes dediquen unos minutos para leer estas letras.
Mi escrito de hoy trata sobre la importancia de respetar y recordar los consejos y detalles que nos aportan los itán (itá) de las iniciaciones, pues con el paso del tiempo se pueden olvidar.
Desde hace unos meses, al escuchar canciones afro (cubana o americana), noté sensaciones emocionales y espirituales que no sabía si se debían al resurgir de la influencia provocada por la herencia espiritual que me acompaña desde que nací, o a que necesitaba recuperar una etapa de mi vida que desatendí.
Desde mi nacimiento me acompañan energías de mis ancestros africanos, que hacen que las letras de las canciones que identifican las vivencias que sufrieron, y que escuché desde niño por boca de mi padre, de Alberto Zayas, Bola de Nieve y cantantes afroamericanos, no hayan dejado de provocarme sentimientos de tristeza y dolor, sin importar el idioma.
Temas como Nobody Knows y Old Man River, que cantaba mi padre, junto a muchos de Bola de Nieve, se mantienen en mi mente y mi corazón.
Yo recibí awofakan (mano de Orula) de pequeño, por un consejo que recibió mi madre cuando estaba embarazada.
Desconozco el signo que Ifá me dio, porque no pude recuperarlo, pero mi padre y mi madre interpretaron el consejo que le dieron como que me dejaran tomar mis decisiones y hacer mi camino.
Así, en el camino de mi vida tomé decisiones erradas que me alejaron de la música.
A los 13 años supe de una convocatoria para la Escuela Nacional de Arte y envié una solicitud para estudiar saxofón, el instrumento de mi gusto.
Pasadas 2 semanas aún no tenía respuesta y entonces recibí la invitación para una beca en la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE). Tras dudar un poco, decidí aceptar y me fui a la EIDE. Comencé un lunes, y de regreso a la casa el sábado, tenía el telegrama de la aceptación para la ENA, y cometí el inmenso error de no cambiar el deporte por la música. Esa decisión equivocada me ha pesado toda la vida.
Estuve en la EIDE, en el equipo de baloncesto, y jugué series nacionales con deseos de lograr los grandes resultados que me decían que obtendría por mis capacidades, pero el tiempo demostró que sólo era un sueño.
Ya en la Universidad, formé parte del Conj Folklórico Universitario, donde comencé a cantar, y tiempo después, un compañero de clase gestionó a mis espaldas una cita para participar en el programa Todo el Mundo Canta de la televisión, y en el que llegué a la final y entré como Cantante a la Empresa Antonio Ma Romeu.
Meses después, como parte del Conj Folklórico Universitario, formé parte del grupo creado para participar en una gira por Bielorrusia, junto al Grupo Manguaré.
Durante el viaje supe que el grupo buscaba un cantante, y al poco tiempo recibí de su director, el reconocido tresero Pancho Amat, la oferta para formar parte del grupo y acepté.
Ese grupo fue una escuela para mi en el ámbito personal y musical, pues en ese tiempo me inicié en Makaro Mofé, recorrí muchos países y me gradué de Canto en el ISA, pero su constante movilidad me impedía dedicarle tiempo a los asuntos espirituales ancestrales.
Al dejar el grupo, asenté en mi cabeza mi Orisha tutelar, Elegbara y luego Orúnmila como me habían recomendado tiempo atrás.
En mi itá, Oshún me aconsejó tener un piano en casa. Y aunque en aquel momento yo no entendía el significado, puse el piano en casa.
Busqué sin éxito alguien que me enseñara a tocar, pero encontré historias de personas mayores que tuvieron la misma situación y salieron adelante.
En la actualidad, tras comenzar a seguir las nuevas formas para tocar el piano experimenté estabilidad en las sensaciones y comprendí que; dedicándole tiempo, podré saldar la deuda con mi herencia ancestral y espiritual.
Sé que el camino será largo y difícil a esta edad, pero, estoy feliz y dispuesto a lograrlo. Pido salud para poder llegar a tocar y cantar esos temas.
Mo foribale Elegbara- Esu ati bogbo Orisas.
Mo foribale Orúnmila.
